¿MANOS SUCIAS?

dirty hands, clean money

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DAVID BOWIE (1947-2016)

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JETHRO TULL THE ROCK OPERA (Barcelona, 20/11/2015)

poster_web como objeto inteligente-1No era la primera vez que veía a los Tull en concierto, sea en la versión de Ian Anderson en solitario o la del grupo más o menos al completo. Recuerdo el concierto en el desaparecido Palau d’Esports de Barcelona, en el año 1992, durante la gira de presentación del disco Catfish Rising. En aquel recital tuvimos la suerte de ver a un Ian Anderson prácticamente al 100% de sus capacidades, tanto vocales como instrumentales, y con la irreverente ironía de sus espectáculos. El paso del tiempo, y después de haberlo visto en 5 ocasiones, deja patente las limitaciones a las que se enfrenta Anderson a causa de la edad y de los problemas de voz que lo acompañan.
Para suplir estas limitaciones Anderson ha echado mano del ingenio y gracias a la tecnología ha conseguido superarlas a nivel escénico, utilizando proyecciones de vídeo en las que otros cantantes interpretan los fragmentos vocales a los que él no puede llegar.

Echando la vista atrás uno recuerda al flautista escocés sobre una pierna, interpretando imposibles solos de flauta, con esa inimitable imagen de mad dog que me ha hecho vibrar en más de un concierto. Está claro que un David Gilmour ofrece prácticamente la misma imagen sobre el escenario ahora que hace tres décadas, pero la inimitable imagen y actitud de Ian Anderson en concierto no se puede mantener pasados los años, más aun si sumamos el hándicap que supone la operación de cuerdas vocales que sufrió a causa de un cáncer. Todas estas variables en la ecuación hacen que, a pesar de las adaptaciones anteriormente citadas, la sensación de nostalgia ante el estado de Ian Anderson afecten a la apreciación del espectáculo en su conjunto y que el recuerdo de tiempos pasados conduzca a una no deseada decepción y hasta cierto punto lástima.

En esta ocasión Ian Anderson presentaba The Rock Opera, en la que revive la historia modernizada y actualizada de Jethro Tull, el inventor de una maquina sembradora de tracción animal y del barbecho. Aunque en esta ocasión resucitado como bioquímico en una época post-catástrofe-climática y en la que el científico-agricultor desarrolla nuevos métodos de cultivo. A partir de aquí se recorre la vida de Jethro Tull revisitando temas clásicos del grupo, pero adaptados a la temática que nos propone Ian Anderson y su banda. De esta manera escuchamos las nuevas versiones de clásicos como Aqualung, Heavy Horses, Wind-up, Farm on the Freeway, Locomotive Breath, Songs from the Wood y Jack in the Green entre otros – curiosamente alguno de sus clásicos más campestres – junto con los nuevos temas correspondientes a The Rock Opera.

En cuanto a la banda, todos correctos y en su lugar, aunque lógicamente se echen en falta miembros clásicos del grupo que por una u otra razón no acompañan a Anderson en sus últimos proyectos. Impresionantes Ryan O’Donnell y Unnur Birna Björnsdóttir como vocalistas, fantástica ésta última en The Witche’s promise, a pesar de que su participación fuera en vídeo. No entiendo por qué no podían estar presentes en el escenario e interpretar las canciones con el resto de miembros de la banda, como sí hizo Ryan O’Donnell en la gira de Thick as a Brick II.

Evidentemente no ha sido de los mejores conciertos de Jethro Tull, pero a pesar de ello se demuestra que, superando sus limitaciones, Ian Anderson no ha perdido su capacidad compositiva ni sus ganas de afrontar nuevos proyectos musicales.

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MARATON DE ATENAS (8/11/15)

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Llegué a Atenas el viernes 6 de noviembre, a media tarde, con las prisas por instalarme en el hotel e ir a recoger el dorsal y la bolsa de corredor. El desconocimiento de la ciudad y la necesidad de orientación hacía que no fuera consciente, en esos momentos de la situación en la que me encontraba. Se estaba cumpliendo un objetivo que empezó a fraguarse desde dos frentes. El primero, la lectura de un antiguo artículo de la revista Runners en el que se hablaba de esta carrera en el 2500 aniversario de la Batalla de Marathon y el segundo, el “contratiempo” de no correr en Berlín que era el destino elegido en primer lugar. Aun así, una vez llegado a Atenas, y tras centrar la mente en la carrera, la idea de que esta maratón era un “segundo plato” despareció inmediatamente de mi cabeza.

Tenía la intención, y así había sido la preparación, de mejorar mi marca y realizar la carrera por debajo de las 3h :35′. Pero, aunque ya había visto el recorrido, el estar aquí y despues de la visita a la feria del corredor me hicieron ser consciente de la dureza del recorrido y de que la carrera no iba a ser fácil, teniendo en cuenta que las partes duras se encontraban alrededor del muro.

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La víspera de la carrera

El día empezó con un trote ligero, a las 07:30h, de 35 minutos, desde la plaza Omonia, por la avenida Stadiou hasta Syntagma y vuelta atrás. Se respiraba un bonito ambiente de carrera, me crucé con varias personas que supongo hacían lo mismo que yo. Tras este rodaje: estiramientos, ducha y desayuno (que bueno está el yogur).
El resto de la mañana la destiné a hacer algo de turismo por Atenas; visita al Partenon y al fantástico nuevo museo de la Akropolis. Tras la comida y la pertinente siesta, cena de recarga. A pesar de mi nueva tendencia Paleo los rituales son los rituales.

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El día de la carrera

¡Kalimera!, ¡Kalimera! fue la primera palabra que oí, y pronuncié, esa mañana al salir de mi habitación a las 05:00 h y dirigirme a desayunar. A esa hora nos encontramos todos los corredores alojados en el hotel para el desayuno: tostadas, yogur (como no) y café.
El día empezó a las 04:00 h en el que seguí de nuevo el ritual, no hay que olvidar los hábitos: ducha “ice age”, afeitado y estiramientos.
La organización había dispuesto una serie de autobuses que nos debían llevar a la ciudad de Marathon, desde donde salía la carrera. Estos autobuses partían desde diferentes puntos de la ciudad. Los que se encontraban más cerca de mi hotel salían de la plaza Syntagma. Todavía con la noche cerrada nos dirigimos hacia Marathon. Hay que reconocer que el traslado y la llegada a la salida se realizaron de una manera impecable, un 10 para la organización, así como la entrega y posterior recogida de la bolsa con la ropa.

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El camino a pie hacia el estadio ya ponía la piel de gallina, y no sólo por el frío. Simplemente ver los carteles con la palabra “Marathonas” ya emocionaba. Obligada era la foto junto a la estatua conmemorativa de la victoria, NIKE, de los atenienses en la batalla.

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La espera en el estadio quizás se hizo excesivamente larga, probablemente por un exceso de previsión por mi parte, podría haber dejado la bolsa con la ropa algo más tarde. Eso sí, el calentamiento fue perfecto, de los mejores que he hecho.
Los momentos previos a la salida no estuvieron faltos de emoción; por el “juramento” y por la música de Zorba el Griego ya que al escuchar esas notas uno ya sentía la necesidad imparable de ponerse a correr.

La carrera

El paso por el primer kilómetro fue en 6′, cuando el tiempo de paso debería haber sido de 5’05”, pero no había opción para ir más deprisa ya que la carretera era excesivamente estrecha para el número de personas que la ocupábamos. Después de los 10 primeros kilómetros me planteé desechar la opción de bajar de 3h 35′ ya que, pensando en los tramos cuesta arriba, veía casi imposible alcanzarla.
En el Km 5 del recorrido se circunvala el Túmulo de los Atenienses, otro de los momentos intensos del día, más si sumamos que durante ese tramo las personas del público ofrecen ramas de olivo a los corredores. Pasado el Km 5 ya empezaba la carrera de verdad.

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Túmulo de los Atenienses

Entre los Kms 15 y 20 había conseguido recuperar el tiempo perdido y me movía ya en los tiempos teóricos de paso, aunque también empezaba lo peor; la pendiente, entre el Km 18 y el 32, se hacía interminable. Mirar hacia adelante y ver una recta que parecía no tener fin, empinada y plagada de gente se transformaba en una visión demoledora. Aun así las pendientes no me asustan en exceso y las soporto bien.
Tras sobrepasar el final de la cuesta me planteé echar el resto. No me había topado con el muro y me encontraba en condiciones de aumentar el ritmo o al menos esa era mi sensación. El problema era que la mayor parte del tramo restante, a parte de un par de pequeñas pero en ese momento demoledoras pendientes, era cuesta abajo, duro para unas rodillas y unos cuadriceps ya bastante maltratados.

Durante estos 10 últimos kilómetros había perdido ligeramente la noción de mi situación y en ocasiones no era consciente del kilómetro por el que estaba transitando ¡lo que tarda en llegar el kilómetro 40 y que largos que son los dos últimos!

El último kilómetro transcurre por una larga avenida, cuesta abajo, que al cambiar de dirección hacia la izquierda encara la entrada al estadio Phanatinaikos. Ante esa visión uno siente inmediatamente una emoción indescriptible que se mantiene al disfrutar de la última recta del estadio, entre los aplausos y gritos del público que ocupa las gradas.

Al final 03:34:47 según el cronómetro de mi reloj.

Acabé el maratón bastante bien, el entrenamiento y la mentalización fueron buenos. Me sorprendió gratamente la marca registrada, teniendo en cuenta la “dureza” del recorrido. Quizás dentro de un par de años, Berlín sería una buena opción, pueda llegar a las 3h 30′. Creo que esta puede ser mi mejor marca personal y mi techo. Estaría bien….

Después de la carrera

Tras disfrutar del paso por el estadio, recoger la medalla y la ropa y relajarme un poco; pasé un par de horas en las gradas y en los alrededores, disfrutando del ambiente y viendo a la gente como iba llegando a la linea de meta. Me quedé hasta los que pararon su reloj en 6h 30′. Emociona sobremanera ver a estas personas cumpliendo su sueño de acabar una maratón como la de Atenas y ver como vivían esos intensos momentos al encarar la última recta en el estadio. BRAVO PEDIA!

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Tras una ducha y una buena siesta en el hotel me dispuse a disfrutar de una cena en Monastiraki: musaka, satsiki y una buena cerveza Alpha para celebrar la fantástica jornada en la que corrí por la senda que años atrás marcó Spiridon Louis, bajo el espíritu de aquel hoplita llamado Philippides. Esta vez sí que pude decir ¡NENIKEKAMEN!

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BRUCE LEE (75 Aniversario)

bruce lee

Do not pray for an easy life, pray for the strength to endure a difficult one

BRUCE LEE

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RATTLE THAT LOCK (David Gilmour)

rattle that lockMuchas veces he comentado que hay una serie de músicos, la mayoría por edad, que ya han aportado a la música y al público todo lo mejor que podían dar de si. Cuando se ha estado al máximo nivel compositivo y de éxito musical, lógicamente es difícil, por no decir imposible, repetir en cada uno de los nuevos trabajos los logros musicales de épocas anteriores. Aún pensando en esto como una condición inevitable, el poso de calidad no siempre se pierde y hay músicos que en sus trabajos post-éxito ofrecen buenos discos con composiciones honestas y en los que se demuestra que la capacidad compositiva y musical no se llega a perder con el paso de los años y en este Rattle That Lock David Gilmour nos presenta un puñado de buenas canciones.
Cuando un músico prescinde de su grupo, como en este caso de Pink Floyd, es de suponer que se hace con la intención de recorrer caminos musicales más amplios que los que ofrece lla banda de origen. En este caso el guitarrista y cantante de PF se sacude los candados y se libera de las cadenas de la previsibilidad de un sonido que desgraciadamente esperamos escuchar y que no quedemos dejar de oír. De ahí lo arriesgado del planteamiento musical de RTL cuya senda compositiva ya encaminó en On An Island. Todos queremos escuchar un nuevo disco de Pink Floyd, canciones que suenen a la mítica banda de la que muchos estamos enamorados, pero no tiene por que ser así y es lo que Gilmour pretende reivindicar en sus últimas composiciones en solitario.
Es por eso que los temas de este disco tocan diversos palos musicales, desde un enfoque más progresivo-Pink Floydiano com lo son las fantásticas Faces Of Stone e In Any Tongue; hasta sonidos jazz como en The Girl In Yellow Dress, donde Gilmour nos presenta su faceta más crooner, pasando por registros más pop, como la canción que da titulo al disco, sin olvidar el blues que tan bien incorporó el guitarrista en su carrera desde registros más progresivos. Eso sí todas estas composiciones envueltas en un ambiente melancólico, a la vez que elegante, sin estridencias y que invita a una audición tranquila y reposada. Quizás reflejo del momento de la vida del músico en la que pesa más lo reflexivo y sosegado que la ambición y la grandiosidad conceptual.

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DESDE ATENAS

Ayuntamiento de Atenas

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