LA LISTA (Frederick Forsyth)

la listaLecturas de verano.

Uno de los libros que ha caído en mis manos estas jornadas de tedio estival ha sido La Lista de Frederick Forsyth. Siempre me han gustado las novelas de Forsyth. Desde que leí El Cuarto Protocolo, a raíz del visionado de la fabulosa adaptación cinematográfica protagonizada por el gran Michael Caine y un prometedor Pierce Brosnan, han ido cayendo en mis manos varios de sus libros. A medio camino entre Tom Clancy y John Le Carré el autor británico ha ido adaptando, a lo largo del tiempo, sus historias a la coyuntura geoestratégica vigente en cada momento, desde la guerra fría hasta la actual amenaza yihadista. Para mi gusto la calidad de sus historias ha ido disminuyendo con el paso del tiempo, siempre he preferido las novelas ambientadas en la época soviética que las más actuales.

La historia no es de una gran originalidad: la búsqueda que realiza “El Rastreador“, una suerte de agente de una unidad secreta dedicada a eliminar a personas inconvenientes para la seguridad de los Estados Unidos, sobre un personaje apodado “El Predicador“, líder yihadista que utiliza internet para propagar sus sermones, activando a potenciales lobos solitarios repartidos por el mundo. Todo esto evidentemente aderezado con los mejores ingredientes que pueden acompañar este tipo de historias, “Pathfinders“ británicos incluidos, para hacer pasar unas horas de lectura apasionada y amena.

Lo relevante del personaje de “El Predicador” es su origen en una familia relativamente acomodada y su educación occidental, lo que le permite un perfecto dominio del inglés, lengua con la que dicta sus sermones en la red.

Lo triste de la situación es que la realidad, como casi siempre, supera a la ficción. Tras cerrar la última página del libro, y todavía con la satisfacción de su lectura, me estuve desayunando, durante la mayor parte de este verano, con imágenes de decapitaciones de occidentales por miembros de la yihad. El personaje que veía en la pantalla del televisor – con la cara tapada, un cuchillo en la mano y expresándose en un perfecto inglés – bien podría ser “El Predicador“ de la novela de Forsyth. Mezclando en la mente ficción y realidad uno no puede dejar de reflexionar sobre la cuestión llegando a inquietantes conclusiones, entre ellas la posibilidad que seguramente también exista un grupo de “rastreadores“ que sobrepasen la delgada línea roja que marcan los principios éticos sobre los que se sustentan nuestras democracias occidentales.

No hace mucho oí por la radio a una conocida escritora española reflexionando sobre el efecto que nuestra tecnificada y consumista sociedad está ejerciendo sobre la pérdida de las ideologías en la juventud occidental. Una falta de principios y de referentes que hacía que muchos jóvenes, de este lado del mapamundi, buscaran ese “algo más“ en el integrismo islámico.

¿Estamos en guerra?

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