CAMEL (Barcelona, 18/03/2014)

Recuerdo gratamente el concierto de Camel de 2000, hace 14 años, cuando la banda de Andrew Latimer nos presentó Rajaz, el que era hasta ese momento su último trabajo.
El tiempo pasado entre ese concierto y el celebrado el pasado martes 18 de marzo no ha sido fácil para Latimer. El diagnóstico de una Policitemia Rubra Vera no le ha hecho pasar por muy buenos momentos, incluyendo un trasplante de médula ósea. Es por eso que los conciertos de esta gira tienen una emotividad especial, no sólo para Latimer sino también para sus seguidores. La bonhomía en la imagen y el comportamiento era el de aquel que, habiendo superado una grave enfermedad, se presenta ante su público con aquello de lo que es consciente que pervivirá en el tiempo, su música. El genio de Latimer y el sentimiento en la interpretación se expresaba en sus rasgos faciales, como si con cada gesto consiguiera alargar unos instantes más cada una de las notas de su guitarra, arrancar un sonido nuevo o un matiz diferente. Durante la ejecución de los temas buscaba con la mirada las expresiones del público. Mirándonos nos daba a entender que ésta podría ser la última vez que nos encontrabamos compartiendo esos momentos de comunicación entre músico y audiencia, gracias al nexo de unión que representan las canciones de Camel.
El concierto se basó en la interpretación íntegra de The Snow Goose, que ocupó la primera parte del concierto, composición basada en la obra del escritor Paul Gallico. Durante esos minutos revivimos la historia de Rhayader, Fritha y una gansa blanca del Canadá. La amistad que surgió entre ellos y el triste final de Rhayader en las playas de Dunkerke.
Tras un descanso la banda volvió para dar un repaso a la discografía del grupo. Latimer presentó una selección representativa del repertorio de la banda, aunque eché a faltar temas como Drafted del disco Nude, que sí han interpretado en otros conciertos de la gira, o canciones del disco Dust and Dreams, uno de mis preferidos. Durante la segunda parte del concierto se sucedieron los temas: Never let go, A song within a song, Echoes, The Hour Candle (A Song for My Father), Tell Me, Watching the Bobbins, Fox Hill, For Today y, como encore, Lady Fantasy.
Gracias al viejo camello pudimos disfrutar de una noche mágica que es difícil que se vuelva a repetir.

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